Momentos de triangulación (febrero de 2008)

17/06/2009 at 10:27 Deja un comentario


“- No sé tú. Para mí, cada uno define su vida, su existencia, en base a determinados momentos vitales. Todos tenemos determinados momentos que usamos de piedras angulares temporales. Todos podemos recordar un momento, o dos, o cien, y situar cualquier otra cosa usándolo de referencia. Son lo que denomino “momentos de trianqulación”, porque sirven para localizar cualquier otra cosa. En mi caso, mis momentos de triangulación son básicamente decisiones tomadas y calladas. Cosas que no salen al exterior, sino que se quedan guardadas muy dentro. Esos pequeños momentos de complicidad, en los que tú decides cambiar cosas que nadie sabe excepto tú, que sabes que nadie notará que has cambiado. Esos momentos, y esas consecuencias, son las que rigen el ritmo al que ordeno los recuerdos de mi vida. ¿Me sigues?

– Supongo. ¿Dónde estamos yendo?

– Ya verás. Según todos los momentos que yo voy ordenando, yo voy sufriendo una serie de cambios personales. Nunca soy el mismo, porque estoy en cambio permanente. Esto te suena, seguro, de Heráclito: “no se puede entrar dos veces en el mismo río” y toda esa cháchara griega.

– Sí, me suena.

– Pues bien, y ahora llegamos a la parte que me aterra. Si yo estoy en cambio permanente, y no dejo de crecer y de tomar decisiones que yo creo que me afectan profundamente… ¿cómo es posible que tenga esta terrible sensación de que todo se acaba repitiendo? Ahora mismo, vivo lo que viví hace un año. Hoy, me descubrí absorto en el metro, recordando una conversación que creía olvidada, con un chico japonés en un tren en Turín, hace 4 años. Me puse a pensar y esa misma conversación, con cosas muy parecidas, ocurrió ya hace 5 años, con Luca en Björkliden, y este año con Thierry en Heppenheim. Y lo preocupante es que hasta hoy, no me he dado cuenta de que siempre era la misma. Lo que me da pánico es despertarme mañana y pensar que he vivido n ciclos, y sólo me quedan por vivir otros n. Quiero seguir sintiendo cosas nuevas, quiero seguir vivo. Quiero que los planes sigan superando, en número, a los recuerdos.

– Eso es un síndrome de Peter Pan de la hostia. Cubierto además por todas tus ralladas y tu exagerada forma de contarlo todo. Simplemente, no quieres crecer, y es lógico tener ese miedo sabiendo donde tú estás ahora. En cuanto a lo de que todo se repite… si tú vas cambiando, la forma en la que tú afrontas lo que se repita, cambia seguro. ¿O acaso te enfrentas a lo que te enfrentaste hace un año de la misma manera?

– Claramente no. Puede que tengas razón. Y tú, ¿cómo ves tu vida?”

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