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Distancias y sitios (Japón, octubre de 2008)

Tokyo es una ciudad extraña. Al llegar, descubres que no entiendes nada. Todo funciona por una serie de reglas no escritas y nada obvias. Así que tienes que sumarte a la mayoría para hacer cualquier cosa.

Ese poder de la mayoría (del みんな-san) mueve cada pequeña cosa que hay que hacer. Tienes que tener en cuenta cómo afectan a los demás tus decisiones antes de cada paso. Simplemente, tienes que funcionar de otra forma por dentro.

Todos los días en el metro vas comprobando que sí, que lo que sospechas es cierto. Eres el único occidental que ves a la redonda. Y eres el único occidental que ellos ven a la redonda. Notas reacciones muy raras. Descubres el “vacío del gaijin” (así llamamos al círculo que se produce a nuestro alrededor, que es el último sitio en llenarse del tren).

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17/06/2009 at 19:17 2 comentarios

Propiocepción y cinestesia (febrero de 2009)

Una de las cosas buenas de irte muy muy lejos y de defenderte en un entorno completamente distinto al tuyo es lo que te hace cambiar tu percepción de ti mismo y tu cultura. Estar en un entorno “hostil” (lleva comillas, pero Japón es un entorno bastante más hostil de lo que parece a primera vista), te ayuda a redefinir ciertas posiciones y creencias, que luego serán aplicables cuando te traslades a otro entorno (el inicial u otro distinto).

Ahora mismo, mi vida diaria es bastante rutinaria y anormal al mismo tiempo. A no ser que abra el messenger o FB, o llame por teléfono a alguno de los Vulcanus españoles o a los que conocemos en la universidad de Keio, no hablo una palabra de español en todo el día. La mayoría de los días intercambio un par de frases en inglés con alguien en el trabajo, y las conversaciones más densas del día son en japonés (lo que, teniendo en cuenta mi nivel actual, hace que no sean para nada densas).
Todo esto lleva a que me paso muchísimas horas callado. Observando y procesando.

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17/06/2009 at 17:43 Deja un comentario

Otoño en Tokyo (noviembre de 2008)

El otoño ha llegado a Tokyo. Y no hablo de las hojas rojas de los arces y las hojas amarillas de los gingkos, que son un espectáculo que comentaré otro día. Hablo del frío. Hace frío. De repente, sin darte cuenta, ha llegado el frío. Pero este año es distinto. Este año no necesito que vengas a darme calor, a calentarme por dentro. Este año estoy lejos, y no te echo de menos, no te necesito. Y disfruto pasando frío por fuera y no por dentro.

Y a pesar de lo duro que sea a veces, el día a día tiene ese valor añadido de poder volver y decirte:

“Sí, porque como tardaste en aparecer, me fui un año a Japón. Por si me encontrabas allí. Y estuve todo un otoño pasando frío en Tokyo y no te dignaste a aparecer”.

Suponiendo, claro, que el Amor decida pasar por mi vida el suficiente tiempo como para hacerle reproches.

17/06/2009 at 17:41 Deja un comentario

Madrid (julio de 2008)

Finally, I am on the bus that is taking me out of Madrid. Rufus whispers in my ear he’s going to a city already burnt down, and makes me wonder where am I going to and what am I leaving behind.

I realize the woman sitting next to me has just started crying, what brings immediately to my head that night two years ago, when I cried by myself on a train and finished drinking stolen alcohol from the train cafeteria with two girls I had just met. (más…)

17/06/2009 at 10:48 Deja un comentario

Espiral de destrucción (abril de 2008)

¿Ves la hoguera? Acerca la mano. Así.

Olvídate del dolor y manténla ahí. Siente como poco a poco tu cuerpo te pide ayuda. Ignóralo. Disfruta de ese dolor que sabes que te mereces. Con que lo mantengas el suficiente tiempo, todos tus receptores sensitivos habrán ardido. Planteátelo como una inversión: sufre ahora para no sufrir nunca más.

Huele tu propia barbacoa.

Disfrútala.

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17/06/2009 at 10:33 Deja un comentario

Del amor como guerra y la piel como campo de batalla

Asúmelo. Te dejé conquistarme. Sabía que tus tropas se acercaban y bajé mis defensas. Cuando tus barcos me navegaron, yo apagué mis huracanes. Cuando tus tropas me cabalgaron, mis ejércitos estaban entretenidos en otra parte. Desmonté mis catapultas y mis arietes. Te dejé entrar, querido enemigo.

Te lo puse fácil, y aún así, hiciste trampa. Una vez tus ejércitos tomaron el control y me pusiste tu bandera, para anunciar al mundo que me habías conquistado, te retiraste. Rápido, llamaste a tus tropas y te fuiste a conquistar otros territorios. Te retiraste destrozando todo a tu paso, siguiendo la estrategia de tierra quemada. O eso creíste.
Inundaste mis puertos, destrozaste mis defensas, y quemaste todos mis campos de cultivo. Te propusiste dejar mis tierras infértiles, y mi territorio destrozado, para que nadie lo pudiera aprovechar. Tu crueldad no va a dejar de sorprenderme.

Mientras tú me conquistabas, mis tropas se perdían en ti. Tus sirenas destrozaron mis barcos contra tus arrecifes. No fui capaz de conquistar ni uno sólo de tus puntos estratégicos. Jamás llegué a izar mi bandera en tu territorio.

Ahora, lo anuncio. He quemado los cadáveres de tu ejército en grandes piras. He arriado todas tus banderas y he eliminado todo rastro de tu invasión. Mis tierras vuelven a florecer, y mis defensas vuelven a estar firmes. Me he propuesto recuperar el control de todo mi territorio y lo he hecho. A ti te da igual, tus ejércitos están en otra parte. A mi no. Ahora, vuelvo a ser mío. Lo único que ha quedado en esta inútil guerra han sido un par de cicatrices. No te creas que ha habido bajas importantes.

Vuelvo a ser mío. He vuelto a construir mis murallas. Ya han soportado un par de ataques blitzkrieg, y resisten. Y lo que es mejor, vuelvo a estar dispuesto a bajar mis defensas ante el próximo invasor.

17/06/2009 at 10:31 Deja un comentario

Momentos de triangulación (febrero de 2008)

“- No sé tú. Para mí, cada uno define su vida, su existencia, en base a determinados momentos vitales. Todos tenemos determinados momentos que usamos de piedras angulares temporales. Todos podemos recordar un momento, o dos, o cien, y situar cualquier otra cosa usándolo de referencia. Son lo que denomino “momentos de trianqulación”, porque sirven para localizar cualquier otra cosa. En mi caso, mis momentos de triangulación son básicamente decisiones tomadas y calladas. Cosas que no salen al exterior, sino que se quedan guardadas muy dentro. Esos pequeños momentos de complicidad, en los que tú decides cambiar cosas que nadie sabe excepto tú, que sabes que nadie notará que has cambiado. Esos momentos, y esas consecuencias, son las que rigen el ritmo al que ordeno los recuerdos de mi vida. ¿Me sigues?

– Supongo. ¿Dónde estamos yendo?

– Ya verás. Según todos los momentos que yo voy ordenando, yo voy sufriendo una serie de cambios personales. Nunca soy el mismo, porque estoy en cambio permanente. Esto te suena, seguro, de Heráclito: “no se puede entrar dos veces en el mismo río” y toda esa cháchara griega.

– Sí, me suena.

– Pues bien, y ahora llegamos a la parte que me aterra. Si yo estoy en cambio permanente, y no dejo de crecer y de tomar decisiones que yo creo que me afectan profundamente… ¿cómo es posible que tenga esta terrible sensación de que todo se acaba repitiendo? Ahora mismo, vivo lo que viví hace un año. Hoy, me descubrí absorto en el metro, recordando una conversación que creía olvidada, con un chico japonés en un tren en Turín, hace 4 años. Me puse a pensar y esa misma conversación, con cosas muy parecidas, ocurrió ya hace 5 años, con Luca en Björkliden, y este año con Thierry en Heppenheim. Y lo preocupante es que hasta hoy, no me he dado cuenta de que siempre era la misma. Lo que me da pánico es despertarme mañana y pensar que he vivido n ciclos, y sólo me quedan por vivir otros n. Quiero seguir sintiendo cosas nuevas, quiero seguir vivo. Quiero que los planes sigan superando, en número, a los recuerdos.

– Eso es un síndrome de Peter Pan de la hostia. Cubierto además por todas tus ralladas y tu exagerada forma de contarlo todo. Simplemente, no quieres crecer, y es lógico tener ese miedo sabiendo donde tú estás ahora. En cuanto a lo de que todo se repite… si tú vas cambiando, la forma en la que tú afrontas lo que se repita, cambia seguro. ¿O acaso te enfrentas a lo que te enfrentaste hace un año de la misma manera?

– Claramente no. Puede que tengas razón. Y tú, ¿cómo ves tu vida?”

17/06/2009 at 10:27 Deja un comentario

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