Tortugas de invierno (enero de 2007)

16/06/2009 at 18:52 Deja un comentario


Esperaba el tren de pie, con las manos en los bolsillos del abrigo. Llevaba la cabeza muy alta. Nadie se fijaba en él. Era perfectamente consciente de que no era llamativo. Nunca lo había sido.
A veces sentía que si se esfumara, nadie se daría cuenta. ¿Qué dejaría aparte del rastro de su olor?

El viento soplaba frío. Tan frío que todo el mundo metía la cabeza en el cuello del abrigo, como tortugas de invierno. Miró al viento de frente, hasta que dejó de sentir la nariz y notó que le lloraban los ojos. Se sentía vivo. Le gustaba. Aguantó un poco más, con la mirada perdida y se acabó dando la vuelta, para que el viento dejara de gritarle al oído. Tenía tanto frío que apenas sentía la piel de la cara. Pero estaba bien.

Ya llegaba el tren. Le gustaba aquella ese que hacía justo antes de entrar en la estación. Siempre le pareció que hacía un movimiento de serpiente, o de gusano. Era una de esas cosas que te gustan, pero nunca dices en voz alta, porque parece una tontería. Piensas que eres el único que encuentra placer en esas cosas tan pequeñitas.

El tren se paró, y abrió las puertas, justo delante de él. Era lo mismo que cualquier otro día. Pero la diferencia era inmensa. Hoy sonreía.

Y el mundo le devolvía otra sonrisa.

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